
Cuando pronunciamos los nombres de Dios, no estamos repitiendo palabras antiguas…
Estamos recordando Su identidad eterna y reconociendo Su poder sobre nuestra vida hoy.
Él es El Shaddai — El Omnipotente.
El Dios que sostiene todo con Su fuerza, el que abre caminos donde no hay ninguno.
Él es Eloh — El Poderoso.
Aquel cuya voz creó los cielos y cuya mano sostiene tu espíritu aun en tu momento más débil.
Él es Yahweh — Yo Soy El Que Soy.
El Dios que no cambia, que no se mueve, que no falla, que no abandona.
Él fue, Él es, y Él será por siempre.
Y recuerda esto…
El León de Judá no duerme.
Él vigila, Él pelea por ti, Él guarda tu alma cuando tú no tienes fuerzas para hacerlo.
Cuando proclamas Su Nombre, la oscuridad reconoce Su autoridad.
Cuando declaras quién es Él, tu espíritu recuerda quién eres tú en Él.
Si tu corazón lo siente,
escribe AMÉN
y proclama Su Nombre con valentía, porque nuestro Dios vive, reina y permanece para siempre.
